Daniel Goleman y la Inteligencia emocional

 

Daniel Goleman empezó siendo periodista en  The New York Times y ahora es el gurú de la Inteligencia emocional. Pasa ya de los 70, vive un otoño muy dulce en su vida y de él llama la atención su sonrisa serena y su mirada penetrante y firme. Es como si siempre fuera capaz de ver más allá de lo que el resto percibimos, un hombre al que no se le escapan los detalles y que halla conexiones donde los demás solo vemos coincidencias.

Cuenta siempre que su pasión por la psicología le vino por su madre, una trabajadora social especializada en psiquiatría que acumulaba libros sobre neurociencia, sobre la mente humana y las ciencias del comportamiento. Todos aquellos volúmenes decoraron su infancia y su día a día.

Durante una época fueron poco más que textos indescifrables a los que acudía con inexplicable fascinación, pero más tarde, fueron su motivación y su camino de baldosas amarillas para llegar a ser lo que es ahora: el mayor divulgador de la inteligencia social en cualquiera de sus vertientes, la educativa, la organizacional, la asociada al liderazgo.

¿Qué es realmente la inteligencia emocional?

Esta dimensión responde a otro modo de entender  la  inteligencia más allá de los aspectos cognitivos, tales como la memoria y la capacidad para resolver problemas. Hablamos ante todo de nuestra capacidad para dirigirnos con efectividad a los demás y a nosotros mismos, de conectar con nuestras emociones, de gestionarlas, de auto-motivarnos, de frenar los impulsos, de vencer las frustraciones…

A su vez, Goleman explica que dentro de su enfoque sobre la inteligencia emocional hay cuatro dimensiones básicas que la vertebran:

  • La primera es la auto-conciencia, y hace referencia a nuestra capacidad para entender lo que sentimos y de estar siempre conectados a nuestros valores, a nuestra esencia.

  • El segundo aspecto es la auto-motivación y nuestra habilidad por orientarnos hacia nuestras metas, de recuperarse de los contratiempos, de gestionar el estrés.

  •  La tercera tiene que ver con la conciencia social y con nuestra empatía,

  • El cuarto eslabón es sin duda la piedra filosofal de la Inteligencia Emocional: nuestra habilidad para relacionarnos, para comunicar, para llegar acuerdos, para conectar positiva y respetuosamente con los demás.

Como curiosidad, Daniel Goleman nos recuerda en sus libros la necesidad de ser competentes en estas cuatro áreas. En caso de no hacerlo, podríamos tener, por ejemplo, al clásico directivo entrenado en Inteligencia Emocional pero que solo ha llegado a a asumir la auto-conciencia, pero no su capacidad de empatizar con los demás, de entender esos mundos ajenos a las propias necesidades y valores. Debemos ver por tanto estas cuatro áreas como un todo.

 

La inteligencia emocional se aprende y se puede potenciar

Tanto en su libro “Inteligencia Emocional” (1995) como en “Inteligencia Social” (2006) su autor nos explica que parte de esta habilidad, de esta capacidad, se halla en nuestra propia epigenética. Es decir, se puede activar y desactivar, dependiendo del entorno emocional y social en el que crezcamos, en el que nos eduquen.Sin embargo, y aquí reside la auténtica magia, la Inteligencia Emocional responde a esa plasticidad cerebral donde cualquier estímulo, práctica continuada y aprendizaje sistemático crea cambios, construye conexiones y nuevas áreas donde ser mucho más competentes en cada una de las 4 áreas antes señaladas.

Daniel Goleman señala también la necesidad de educar a los niños a través de este enfoque. Ya sea en el hogar o en la escuela, todos deberíamos ser capaces de crear un contexto válido y significativo en Inteligencia Emocional. Por otro lado, en lo que al mundo adulto se refiere, sabemos que no faltan en nuestro día a día cursos de todo tipo, que cada día se dan seminarios, conferencias y que todos tenemos además, múltiples libros y revistas a nuestro alcance para formarnos.

Lograrlo, es cuestión de voluntad, de constancia y de aplicar esa conciencia real donde hacer presentes y constantes esas claves que el profesor Goleman nos señala en sus trabajos:

  • Debemos detectar la emoción que hay detrás de cada uno de nuestros actos.

  • Es necesario que ampliemos nuestro lenguaje emocional (a veces no basta con decir “estoy triste“, hay que ser más concretos. “Estoy triste porque me siento decepcionado, algo enfadado y confuso a la vez”).

  • Controla lo que piensas para controlar cómo te comportas.

  • Busca un por qué al comportamiento de los demás, sé capaz de entender las perspectivas y los mundos emocionales ajenos.

  • Expresa tus emociones de forma asertiva.

  • Mejora tus habilidades sociales.

  • Aprende a auto-motivarte y en luchar por esos objetivos que te pueden acercar a un auténtica felicidad.

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